Partidos políticos y la otra institucionalización Alberto Espejel y Mariela Díaz Sandoval

Partidos políticos y la otra institucionalización

Partidos políticos y la otra institucionalización: la informalidad en el PAN, PRD, PRI y MORENA

Uno de los temas más fascinantes en el estudio de la política es la ocurrencia de fenómenos que escapan a las reglas escritas. Al respecto, en América Latina se cuenta con una abundante literatura dedicada al estudio de la informalidad o, como le nombraría Guillermo O’Donnell (1996), la otra institucionalidad.

En cuanto a nuestro país, el estudio del sistema político mexicano ha permitido poner atención en las lógicas informales que, en algunos casos, han pervivido hasta nuestros días. A pesar de la relevancia analítica de la informalidad, el estudio de instituciones relevantes para la democracia, como los partidos políticos, ha centrado su atención, principalmente, en la dimensión formal de sus dinámicas organizativas. No obstante, algunas investigaciones han colocado atención en la presencia de lógicas informales o pautas de comportamiento no plasmadas en los estatutos (reglas escritas), mismas que contribuyen a dar certidumbre a las interacciones y al devenir de la propia organización. En este sentido, resulta relevante aportar evidencia sobre tales lógicas en los principales partidos políticos en México, en tanto que el estudio de la política no debe ser omiso a lo que se conoce como institucionalización informal. Por lo anterior, la presente reflexión elabora un acercamiento a la lógica informal en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), ya que ésta constituye un recurso importante que media la relación entre dirigentes y militantes.

En adición, concentrarnos en la informalidad permite entender con mayor cabalidad las trayectorias organizativas que han seguido los principales partidos políticos en México a lo largo de su historia. Por supuesto, la relevancia también reside en que las dinámicas, acciones, creencias y procesos al interior de los partidos políticos inciden en otros ámbitos de la esfera institucional y pública, afectando o contribuyendo al desarrollo de la democracia.

Existen estudios interesados en las lógicas informales en los partidos políticos. Precisamente, estos han tratado de dar cuenta de una institucionalización distinta a la planteada por Panebianco (1982), para quien aquellas organizaciones donde el carisma y la división en fracciones son dominantes, estarían condenadas a tener una débil institucionalización. De hecho, para el italiano, la institucionalización de un partido político debe pensarse como la construcción de reglas formales, siendo éstas un ingrediente indispensable para lograr la estabilidad a lo largo del tiempo. Sin demeritar el aporte de Panebianco, investigaciones como la de Gretchen y Levitsky (2003) han privilegiado el estudio de la institucionalización informal, haciendo una clara distinción entre ésta y las redes personales, el clientelismo, la corrupción, los clanes, la mafia y la cultura. En este sentido, más que concebirla como un elemento negativo, la institucionalización informal se entiende como un conjunto de reglas no escritas, creadas, compartidas, comunicadas e implementadas más allá de los canales oficiales. En este orden de ideas, organizaciones como el PRI y el PRD han logrado la estabilidad a lo largo del tiempo gracias a elementos informales como el carisma.

El Partido Revolucionario Institucional

No es casual que los partidos cuenten con una diversidad de recursos informales, lo cual no significa falta de institucionalización. De hecho, se trata de una institucionalización distinta –informal– que cumple la función de otorgar certeza a sus procesos internos. Al respecto, el PRI constituye un ejemplo perfecto, puesto que, desde su surgimiento en 1946, fue una pieza neurálgica en el sistema político mexicano. La informalidad, como pieza clave del presidencialismo, le permitió al jefe del Ejecutivo tomar decisiones por encima de la Constitución y otras reglas escritas, por ejemplo, el nombrar a su sucesor –vía “el dedazo”–, así como a remover y designar a dirigentes nacionales y gobernadores. En lo que se refiere a sus procesos internos, la selección de dirigentes respondió a los intereses del presidente del país. De hecho, de 1946 a 1999, el PRI contó con 26 dirigentes nacionales, cifra récord si se considera que, de acuerdo con los estatutos, dicho cargo tiene una duración de tres años. En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el PRI tuvo cinco dirigentes, aumentando a siete bajo el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León. Así, conforme la oposición se hizo de espacios a nivel nacional, el número de dirigentes del PRI fue en aumento, respondiendo más a coyunturas políticas concretas que a lo establecido en los estatutos. De hecho, algunos dirigentes fueron designados con el objetivo de encaminar al partido durante un proceso electoral sucesorio, por tanto, una vez concluida la contienda electoral, éstos recibieron como premio su designación en alguna Secretaría de Estado –tal como ocurrió con Porfirio Muñoz Ledo quien, una vez que José López Portillo ganó la presidencia del país, fue nombrado titular de la Secretaría de Educación Pública–.

En definitiva, antes del año 2000, el gran elector dentro del PRI fue el Presidente en turno, quien tenía la capacidad de remover a los dirigentes. La remoción puede considerarse un premio o un castigo. En el último caso citado, el dirigente fue separado del cargo, debido a que trastocó los acuerdos informales entre el Presidente y el partido, es decir, cuando no fue capaz de conservar la estabilidad organizativa. En todos los casos, la selección de dirigentes se realizó sin competencia, mientras que las asambleas (para la elección ordinaria) o los consejos nacionales (para la elección extraordinaria) únicamente cumplieron un papel legitimador, pues la decisión ya había sido tomada por el presidente del país. Cuando el PRI perdió la presidencia en el año 2000, emergieron otros centros de poder como los gobernadores, los líderes parlamentarios y los dirigentes, reduciendo con ello la concentración de poder en el Presidente. Lo anterior, sin embargo, no implicó una mayor democracia el interior del partido. A destiempo, en 2012, nuevamente fue removido el dirigente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, quien fue nombrado Secretario de Energía bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto.

El Partido Acción Nacional

Sin duda, la informalidad en el PRI ha recibido una gran atención, situación distinta a lo acontecido con el PAN. Desde 1939, el blanquiazul ha dado muestras de una enorme institucionalidad formal, sin embargo, habría que recordar que Manuel Gómez Morín estuvo al frente de la dirigencia por 10 años sin que ello lo permitieran los estatutos. Aunque dicha decisión fue justificada, debido a las deficiencias organizativas, no deja de ser llamativa la presencia de informalidad en el momento originario del partido. La informalidad en el PAN también ha estado presente en procesos relevantes como la selección de dirigentes y candidatos presidenciales, pues es sabido que el segundo lugar declinaba en sus aspiraciones a favor del primero. Lo anterior no está contenido en los estatutos, pero significó una forma pacífica de procesar las diferencias al interior del partido. De hecho, cuando la declinación ha estado ausente, la polarización entre las distintas fuerzas contendientes tiende a manifestarse. Al respecto, en las Convenciones Nacionales de 1975 y 1976, ningún contendiente retiró su candidatura, provocando una crisis organizacional que se tradujo en la ausencia de candidato presidencial por parte del PAN. Hace algunos años, en el 2002, Carlos Medina Plascencia declinó a favor de Luis Felipe Bravo Mena, sentando las bases para un alejamiento entre el PAN y el gobierno de Vicente Fox; sin embargo, en 2005, Medina Plascencia declinó en la segunda ronda a favor de Manuel Espino, afín a Fox. En 2010, Roberto Gil Zuarth rechazó ir a una segunda ronda, otorgando la victoria a Gustavo Madero, dirigente contrario al grupo de Felipe Calderón, entonces Presidente del país.

Sin embargo, no siempre el segundo lugar ha declinado a favor del primero, tal como ocurrió en 1999 cuando Gabriel Jiménez Remus no lo hizo a favor de Luis H. Álvarez, después de cuatro rondas de votación. Esta disputa dio origen al Foro Democrático y Doctrinario de Acción Nacional, es decir: la escisión más importante del PAN desde 1992. Por consiguiente, aunque el PAN es un partido que ha privilegiado la institucionalidad formal, esto no ha evitado la presencia de lógicas no escritas o informales en momentos importantes, como la selección de candidatos presidenciales y dirigentes nacionales.

El Partido de la Revolución Democrática

A diferencia del PAN, el PRD es un caso sui generis de la conformación partidista en México, pues en su origen se conjugaron dos elementos no siempre bien valorados en la literatura partidista: el líder carismático y los grupos previamente organizados. Tal situación dio un sello distintivo a la trayectoria organizacional del partido. Es sabido que a partir del 2000 comenzaron las disputas entre grupos consolidados y el líder carismático. Con el transcurrir del tiempo, los grupos se hicieron del control de las principales decisiones, a su vez que se han convertido en un instrumento de los líderes carismáticos. Precisamente, la informalidad produce certezas entre la coalición dominante, al generar las pautas sobre quién debe ocupar un espacio de poder y bajo qué criterio.

En adición, la informalidad ha permitido a la militancia conocer sus posibilidades de incidencia al interior del partido, pues mientras se pertenezca a un grupo, será más factible acceder a espacios de poder. En cuanto sus procesos internos, en el PRD existe una práctica informal, tanto a nivel nacional como subnacional, conocida como “quitapón”. Ésta se refiere a que, ante la ausencia de un integrante de la dirigencia, ya sea por renuncia o porque su grupo político lo retiró del cargo, corresponde al mismo grupo colocar al sucesor. Con lo anterior, evidentemente, se contraviene lo demarcado en los estatutos. Otra frase que ilustra la lógica informal es “te alineas o quedas fuera”, refiriendo a que el militante “de a pie,” el que no pertenece a algún grupo político, tiene poca o nula incidencia. En el PRD también es conocida la frase “acuerdo mata estatuto”, que significa la posibilidad de que los grupos lleguen a acuerdos por encima de lo señalado en sus normas. Es sabido que dentro de un Congreso o Consejo Nacional Estatal tienden a las participaciones estridentes aquellos con menor poder, puesto que quienes guardan silencio ya han llegado a acuerdos en la antesala de las reuniones. En caso de no conciliar intereses por la vía informal en el proceso de selección al interior del partido, los grupos aplican otra práctica conocida como “navaja limpia”, es decir, la posibilidad de llevar a cabo prácticas como la compra y coacción del voto.

El Movimiento Regeneración Nacional

MORENA comparte algunos rasgos en su institucionalización informal con el PRD, como la preeminencia de un líder carismático: Andrés Manuel López Obrador. En cuanto a las prácticas informales destaca la existencia del “gran elector”, encarnado en López Obrador, encargado de palomear, presentar y legitimar a los militantes bajo la figura de Promotor de la Soberanía Nacional (PSN). Quienes encarnen esta figura posteriormente se convertirían en los candidatos de unidad. En 2014, quince de los dieciséis personajes nombrados como PSN se volvieron candidatos delegacionales de MORENA en la Ciudad de México. Para contender por la gubernatura en el 2015, siete de los nueve candidatos a gobernador fueron postulados previamente como PSN. Con esta práctica informal MORENA ha violado la ley electoral y, a su vez, le ha permitido tener un candidato antes que el resto de los partidos.

Conclusión

El estudio de las lógicas informales es relevante en la política y las instituciones que la conforman. En este orden de ideas, la ausencia de la aplicación de acuerdos informales puede evidenciar polarización y posibles rupturas, como en el caso del PAN. En otras experiencias, la lógica informal es un síntoma de arreglos reales alejados del ámbito estatutario, tal como ocurre en el PRI. En partidos muy fraccionados como el PRD, las prácticas informales han permitido a los diversos grupos tomar decisiones, llegar a acuerdos y generar o provocar conflictos por encima de los estatutos. Un ejemplo claro de la presencia de lógicas informales es la prevalencia líder carismático con la capacidad de nombrar candidatos fuera de los tiempos electorales, como en el caso de MORENA. Indudablemente, falta mucho por avanzar en el estudio de la informalidad partidaria, por tanto, esta reflexión invita a adentrarse en esta importante línea de investigación que se ha descuidado en la ciencia política.

 

Bibliografía

Gretchen, Helmke y Levitsky Steven. 2003. “Informal Institutions and Comparative Politics: A research agenda.” En Gretchen H. y Levitsky S. Informal Institutions and politics in Latin America. USA: Kellog Institute for International Studies.

O’Donnell, Guillermo. 1996. “Otra institucionalización”. Política y Gobierno III (2): 219–44. http://www.politicaygobierno.cide.edu/index.php/pyg/article/view/938/814.

Panebianco, Angelo. 1982. Modelos de partido. Madrid: Alianza Editorial.

Alberto Espejel Espinoza

Doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Maestro en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede México. Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública por la UNAM. Profesor de carrera del Programa Político de la División de Ciencias Socioeconómicas de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Investigador Nacional, Nivel I. Líneas de investigación: Partidos políticos; Asociaciones Público-Privadas; Capacidades estatales. Publicaciones recientes: 1) “Esquema para el análisis de las caras externas de los partidos políticos”, Revista Análisis Público. 2017, 7(1); 2) “El (no) estudio de las militancias partidarias”, Revista Debates. 2018, 12(3); 3) “Violencia contra las mujeres en México: una propuesta de análisis desde las caras partidistas”. Revista Apuntes Electorales. 2018, 60.

1 comentario

  1. Violeta Miranda Núñez   •  

    Este análisis sobre las lógicas informales de los partidos políticos me genera algunas reflexiones, algunas de carácter teórico y otras de carácter práctico:
    1. Considerando que se trata de un estudio que oscila en el terreno de la «ciencia política», qué lugar ocupa la teoría en este escenario.
    2. ¿Será relevante un análisis de lo perfiles psicológicos de los principales líderes, para entender el por qué de sus decisiones?
    3. ¿Acaso las instituciones, entendidas como las reglas escritas y no escritas de cualquier organización, obedecen a un contexto social, tiempo y espacio determinado, hecho que dificulta encontrar patrones de lógicas formales de los PPPP?

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