Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito, de Carlos Alonso Reynoso, entraña un inconmensurable esfuerzo por entender, explicar y narrar, de una manera meticulosa, lo ocurrido con la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, ocurrida el 26 de septiembre de 2014, cuando más de 80 de ellos salieron de Tixtla para recaudar fondos y asistir a la marcha conmemorativa del 2 de octubre de 1968 en la Ciudad de México. Al llegar a Iguala, esos normalistas –la mayoría de primer ingreso– fueron interceptados y atacados por cuerpos policiacos de los tres órdenes de gobierno que, en colusión con organizaciones criminales, dejaron un saldo de 17 heridos; seis muertos y 43 normalistas desaparecidos. Esa noche marcó el inicio de una herida abierta y el nacimiento de un movimiento de grandes dimensiones que configuró una lucha en beneficio de la verdad y la justicia para el país.
Para conservar viva la memoria y exigir la garantía de no repetición de hechos nos encontramos con esfuerzos como este libro que, a partir de un recuento hemerográfico, nos ofrece un agudo relato del caso Ayotzinapa. Estructurado en nueve capítulos, Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito se ocupa del movimiento de agosto de 2016 a agosto de 2024. El trabajo se sustenta en la revisión de los periódicos La Jornada, El Sur, El Universal, la revista Proceso y portales como Desinformémonos, Sin embargo y Aristegui Noticias. Además, cuenta con la información de primera mano de las páginas de centros de derechos humanos como Tlachinollan. Centro de Derechos Humanos de la Montaña y Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C.; con información de las redes sociales de los padres y madres de los 43 y con el seguimiento noticioso en otros medios.
Una lectura detallada de sus más de 700 páginas nos conduce a recordar que, tras aquel 26 de septiembre, los padres emprendieron la búsqueda de sus hijos mientras algunos de los culpables huyeron, se escondieron o fueron encubiertos. Recordamos cómo salieron a la luz pública la corrupción del alcalde José Luis Abarca Velázquez y las cruentas disputas entre los cárteles dominantes en la región, “Los Rojos” y “Guerreros Unidos”, quienes operaban con total impunidad y se disputaban el control del tráfico de cocaína. Conocimos los llamamientos al entonces presidente Enrique Peña Nieto de organismos internacionales como Amnistía Internacional, la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Nos trasladamos al momento en que la Procuraduría General de la República (PGR) atrae la investigación y construye la “verdad histórica” como la versión oficial de los hechos con la que pretendía cerrar el caso. Observamos cómo se inicia con la asistencia internacional del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF); cómo se desarrollaron las Jornadas de Acción Global por Ayotzinapa y percibimos los intentos fallidos de los tres órdenes de gobierno por administrar la narrativa y lograr un efectivo control de daños.
Narrar lo ocurrido en este tiempo no es fácil, menos cuando se trata de un hecho reprobable, de horror, de dolor, de injusticia y de impunidad para las familias de los jóvenes desaparecidos y para miles de ciudadanos que se sintieron interpelados por la tragedia. Por ello, Carlos Alonso Reynoso recurre a la crónica como un mecanismo para contar procesos importantes, como una narración en la que se observa el orden del tiempo, como un relato que secuencia los acontecimientos según un orden cronológico que revela y destaca el sentido de los hechos.
Y eso es lo que se desentraña acuciosamente en este libro, que arranca con una crónica de lo que aconteció dos años después de la desaparición de los 43 normalistas, en 2016, cuando ya se observa un movimiento, consolidado, digno y con aliados. Un movimiento que de inmediato tutela la defensa de los derechos humanos en el país y que desvela el problema de los desaparecidos y las fosas clandestinas. Es ese el año en el que los padres rechazan una vez más la “verdad histórica” como la respuesta oficial y rompen el diálogo con la PGR y con las autoridades federales por la falta de investigación y castigo a Tomás Zerón de Lucio, señalado como manipulador de pruebas y artífice de una mentira. Es también cuando se constata la nula voluntad del gobierno de Peña Nieto por conocer la verdad y se desnuda su capacidad de mentir por encubrir una red de complicidades en los más altos niveles.
Adentrados en la lectura, en Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito encontramos que la tesis de que Guerreros Unidos “confundió” a los estudiantes normalistas con integrantes del grupo rival “Los Rojos”; la sentencia de que los jóvenes fueron desaparecidos, incinerados en el basurero de Cocula y sus restos arrojados al río San Juan; el encubrimiento al Ejército; la comprobación de tortura en los procesados por el caso y la falta de investigación a Tomás Zerón de Lucio fueron una cadena de errores que ratificaron esa poca -o nula- voluntad del gobierno priísta por conocer la verdad. Leemos cómo, una y otra vez, los padres rechazan una investigación fabricada mediante tortura y calificada como una “mentira histórica”. Desde entonces, la constante fue una investigación deficiente y manipulada. Cada año, cada aniversario, así lo constataron. También constataron que el caso Ayotzinapa significó el deterioro de la administración de Enrique Peña Nieto.
Frente a esta crisis de confianza, la suma de otras causas, el apoyo de la sociedad civil y los trabajos del GIEI, el EAAF, la CNDH y del mecanismo especial de seguimiento del Caso Ayotzinapa resultaron un bálsamo para el movimiento. Y es que, aunque ya no contaban con la misma fuerza del principio, durante estos años las madres y padres de los jóvenes continuaron en la lucha con muchos actos pequeños en muchos lugares. La demanda de presentación con vida de sus hijos y la lucha por los desaparecidos es algo que no cejó en estos años.
En Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito también se documenta la resistencia del movimiento durante las campañas y el cambio de gobierno. En sus capítulos nos recuerda el acercamiento de AMLO con los padres. Gracias al recuento hemerográfico, se relata cómo, en un acto de campaña en Iguala, una de las madres le pidió al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia no olvidar el caso. Ya en el poder, el primer acto del primer día laboral de AMLO fue la firma del decreto para la verdad en el Caso Ayotzinapa y la promesa de que no se ocultaría la verdad ni se encubriría a nadie. Con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador se retomó la esperanza, pero pronto se confirmó que cambió el gobierno, no la narrativa.
Entre anhelo y escepticismo, los padres retomaron el diálogo con el nuevo gobierno. En una muestra de voluntad por resolver el caso, y a pesar de un alud de recursos legales, se creó la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa, encabezada por Alejandro Encinas; se regresó al GIEI la tutela de las investigaciones y se reestableció la colaboración con organismos como la CIDH y la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH). Las investigaciones avanzaron y los resultados más relevantes se presentaron en agosto de 2022, cuando Alejandro Encinas ofreció una conferencia de prensa donde, por primera vez, se reconoció que el caso Ayotzinapa constituía un “crimen de Estado”, que hubo encubrimiento desde el más alto nivel y que, a ocho años, no había indicios para sostener que los normalistas siguieran con vida. Se informó de la participación activa del Ejército y de 33 órdenes de aprehensión contra presuntos involucrados en el caso, entre los que se encontraban militares y exfuncionarios. Se trató de la primera vez que se avanzó en el esclarecimiento de los hechos asumiendo la responsabilidad del Estado mismo, pero resultaron esfuerzos incompletos mientras no se conociera el paradero de los jóvenes y se diera paso a la justicia, la reparación del daño y la garantía de no repetición.
Para acercarnos a este acto de barbarie, que tocó las fibras de una nación, Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito explica detalladamente lo que suscitó el reconocimiento de “crimen de Estado”, pues los resultados del informe del organismo creado por AMLO para llegar a la verdad fueron duramente criticados. De entrada, se cuestionó la validez de una investigación asentada en los dichos de Gildardo López Astudillo, “El Cabo Gil”, uno de los presuntos asesinos confesos de los 43 que, posteriormente, se volvió “testigo protegido”. A esto siguió una serie de aspectos controversiales ampliamente destacados en los medios de comunicación nacionales e internacionales, como el retiro de varias de las órdenes de aprehensión señaladas; la detención del exprocurador de la República, Jesús Murillo Karam por el caso; la filtración del documento sin testar de la Comisión para la Verdad y la Justicia en el caso Ayotzinapa, integrado por capturas de pantalla sin verificar; la renuncia del titular de la Unidad Especial de Investigación y Litigación del Caso, Omar Gómez Trejo; y la imputación a la propia Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa de fabricar las pruebas que sustentaron la nueva investigación a la que se calificó de “verdad alterna”.
Para sortear la titánica tarea de recabar lo escrito al respecto en estos años y darle sentido a esa ingente cantidad de información, el autor recurre a la crónica. Este vehículo narrativo nos permite acercarnos a la realidad y empatizar con la experiencia de quienes han vivido la tragedia en primera persona en un país donde el espiral de violencia no cede y donde la impunidad parece no ser la excepción sino la regla. Y es que uno de los valores de la crónica como género periodístico es otorgar “certificado de existencia a la vida humana” (Rioseco Perry, 2008) y si algo nos regala el libro Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito es ese valor por la vida, por la existencia humana, pues no solo documenta rigurosamente hechos inenarrables, sino que, a través de ello, rescata la memoria de los acontecimientos otorgando un testimonio invaluable sobre la lucha por la justicia y la dignidad humana.
El libro se vuelve un referente obligado para la comprensión del tema pues funge como un faro que nos permite navegar en un caso donde la narrativa se la disputan una “verdad histórica” y una “verdad alterna” pero donde los jóvenes no aparecen y donde la herida permanece abierta.
Bibliografía:
- Alonso Reynoso, Carlos (2025). Ayotzinapa. Un movimiento digno, persistente e indómito, Chiapas, Cátedra Jorge Alonso
- Rioseco Perry, Virginia. (2008). La crónica: la narración del espacio y el tiempo. Andamios, 5(9), 25-46. Recuperado en 01 de abril de 2025, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632008000200002&lng=es&tlng=es.