Movilizaciones sociales ante la crisis climática: encuentro de generaciones Alice Poma y Tommaso Gravante

Movilizaciones sociales ante la crisis climática: encuentro de generaciones

Al ser el cambio climático un problema global que necesita cambios “sistémicos”, “urgentes” y “de amplio alcance” como mostró el Reporte Especial del IPCC de 1.5º publicado el pasado octubre, los movimientos sociales pueden jugar un rol central no solo para presionar a que las autoridades promuevan legislaciones pro-ambientales, sino también para generar conciencia y promover un cambio cultural. No podemos aún saber si estos movimientos lograrán convertir el cambio climático en un catalizador de cambio social, en lugar de que sea una catástrofe anunciada, pero es allí donde reside su relevancia.

En México, así como en muchos otros países, las protestas contra la ineficacia de la respuesta internacional y gubernamental a la crisis climática, no tardaron en llegar. En los primeros tres meses de 2019, por ejemplo, centenares de ciudadanos se sumaron a organizaciones recién nacidas como Fridays for Future (FFF) México y Extinction Rebellion (XR) México.

Con el objetivo de conocer, difundir y dialogar con estas experiencias, el día 7 de junio de 2019 en el auditorio del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM se realizó el conversatorio sobre estas movilizaciones sociales en la Ciudad de México organizado por los autores de este nota. El conversatorio, dirigido a un público académico y no académico, fue un espacio de dialogo entre diferentes experiencias, algunas de las cuales vienen trabajando el tema desde hace años, y que comparten objetivos y valores comunes con los movimientos emergentes. Entre los invitados participaron estudiantes del movimiento FFF México, activistas de XR México, el responsable de las campañas de cambio climático de la organización Greenpeace, y un activista del Huerto Roma.

Los invitados contaron sobre el recorrido de las organizaciones, las acciones que llevan a cabo en relación con la crisis climática, y los desafíos a futuro. Entre las acciones recientes organizadas en la Cuidad de México, FFF convocó a dos huelgas por el clima, los días 15 de marzo y 24 de mayo de 2019, que se llevaron a cabo en varias ciudades del país y del mundo. Como recordaron los jóvenes participantes, FFF es un movimientos internacional, que permite que en un mismo día millones de personas en todo el mundo expresen al unísono su rabia y preocupación por la crisis climática. Sin embargo, eso no significa que no estén trabajando para “tropicalizar” el movimiento, sabiendo que el contexto mexicano no es el mismo que el europeo, donde surgió el movimiento.

Otra acción que se organizó recientemente en la Ciudad de México fue el DIE-IN al que XR convocó el pasado 2 de junio en el zócalo de la Ciudad de México, durante el cual unos 200 activistas y participantes quisieron llamar la atención de la opinión pública y de las autoridades acerca de la masiva extinción de especies causada por el desarrollo industrial, principal culpable de la actual crisis ambiental y climática.

La participación de Miguel Valencia, activista ecologista desde que el ecologismo llegó a México en los años ochentas, hizo que en la mesa estuvieran representadas tres generaciones de activistas pro-ambientales mexicanos. La presencia en la sala de dos vecinos de la Asamblea General de Barrios, Pueblos, Colonias y Pedregales de Coyoacán mostró la posibilidad de que el cambio climático pueda representar un punto de encuentro entre experiencias en defensa del medio ambiente con orígenes diferentes: rurales y urbanas, clase medieras y populares, indígenas y blancas.

Entre los puntos que destacaron en el debate, que involucró a los invitados y al público, resaltó la necesidad de prestar atención a las palabras que se emplean al hablar de cambio climático. Como escribió el sociólogo español Emmanuel Lizcano en Metáforas que nos piensan (Traficantes de sueños, 2006): “nombrar, es crear. Y por eso también, conseguir alterar las etiquetas, re-etiquetar las cosas o los acontecimientos, es destruir un mundo y hacer otro”. Por eso, en el título del conversatorio hablamos de “crisis climática,” término que los movimientos sociales alrededor del mundo están empleando en lugar de “cambio climático.” Las crisis demandan respuestas, reacciones, y esto puede que ayude a cambiar la narrativa y la forma de percibir el problema. Pero además, como destacó Miguel Valencia, el cambio puede tener una acepción positiva, que la crisis que estamos viviendo no tiene. Otras maneras de nombrar esta crisis fueron “emergencia climática” y “colapso climático”, por razones que los participantes explicaron y que hace poco fueron usadas también por The Guardian.

En el conversatorio se abordó el tema de las acciones y alternativas que se pueden promover para que la ciudadanía tome conciencia y se organice para responder a la crisis climática. En cuanto a la generación de conciencia, se discutió cómo comunicar el problema y educar al respecto.

La narrativa mainstream alrededor del cambio climático ha generado de manera difusa emociones como el miedo, la impotencia y la culpa. Es entonces necesario revertir esta tendencia, y construir nuevas narrativas que permitan a las personas superar estas emociones que en sociología se han asociado a la falta de respuesta y movilización (Norgaard, 2011; Poma, 2018). Superar estas emociones significa empoderarse, y enfrentar la realidad, a pesar de lo aterrador que pueda parecer.

Los datos que los participantes fueron compartiendo sobre la masiva extinción de especies en curso, las proyecciones sobre el aumento de enfermedades como ciertos cánceres, la evidencia de contaminantes como el benceno en la sangre de niños de nuestra ciudad, entre otros, pueden generar miedo, ansiedad, angustia. Sin embargo, platicar sobre los impactos del modelo de desarrollo industrial que ya estamos sufriendo, y la identificación de las causas de estos efectos de la degradación ambiental en la salud humana y no humana, también puede movilizar.

Varias intervenciones del público hicieron hincapié en la necesidad de actuar. Se habló entonces de la importancia de generar y difundir información rigurosa y comprensible sobre el problema, para que las personas no se sientan abrumadas, pero logren percibir la gravedad de la situación. También se habló de la importancia de proyectos de educación ambiental que puedan generar conciencia y de acercar a los niños con la naturaleza. No menos importante, se habló de la necesidad de adquirir conocimientos relacionados con los ciclos naturales, la producción de alimentos y otros temas, de manera que no solo los conocimientos que se producen en la academia sean difundidos y compartidos con la sociedad, sino también lo sean los conocimientos ancestrales. Finalmente, se discutió sobre la necesidad de llevar a cabo acciones disruptivas no violentas que puedan generar impacto en la sociedad para llamar la atención sobre la crisis que estamos viviendo.

El conversatorio es un ejemplo de cómo la movilización social ante la crisis climática puede generar un encuentro entre generaciones en lugar de una polarización. Aunque, como señaló el Dr. Gravante, un movimiento como FFF se caracteriza por subrayar la inacción de las generaciones que precedieron a estos jóvenes frente a la crisis climática y criticar a la gerontocracia, también hay puentes que se pueden construir entre quienes desde hace ya muchos años están luchando para que el modelo de desarrollo industrial no acabe con el planeta.

Acerca de eso, hay que recordar, porque también emergió en la discusión, que el activismo en defensa del medio ambiente ha sido y sigue siendo denigrado y las personas que se dedican a ello antes eran calificadas como “hippies” o “locos” y ahora lo son como “fifís”. En eso la derecha neoliberal y la izquierda marxista, que comparten la visión de un proyecto desarrollista, no se diferencian. Como escribió recientemente Eliane Brum en el País:

No es mera casualidad que los populistas de extrema derecha nieguen la emergencia climática. Saben que en la lucha contra el sobrecalentamiento global la humanidad puede unirse para tejer un común. Hoy, tiemblan de miedo ante los niños que les ponen el dedo en la cara, e intentan convertirlos en objetos de consumo. Cuando no lo consiguen, se inventan conspiraciones para descalificarlos, como hacen tanto la extrema derecha como la extrema izquierda, siempre tan parecidas.

El encuentro y la unión de personas pertenecientes a generaciones, clases sociales, niveles de instrucción, culturas diferentes frente a la emergencia climática es motivo de esperanza, comparada con la frustración e impotencia que genera la inacción e inercia de gobiernos y del sistema económico. Los estudiantes que participan en el movimiento FFF en diversos países del mundo no quieren generar esperanza, sino acciones para que se enfrente de manera efectiva la crisis climática por que no podemos esperar que ellos sean mayores para actuar. Por otro lado, la esperanza reside en la posibilidad de que el ecologismo social y radical, surgido en los años setenta en los países industrializados a partir de las primeras evidencias del impacto del modelo de desarrollo industrial en el planeta, se difunda y proporcione el insumo para construir un nuevo paradigma en el que nuestra especie pueda convivir con las demás sin convertirse en un cáncer para el planeta y la sociedad misma.

Como destacaron los participantes del conversatorio, los desafíos son muchos y no sabemos si habrá tiempo para poder llevar a cabo los cambios necesarios para que los efectos de la crisis climática y ambiental no sea catastróficos. Sin embargo, cerramos el conversatorio con unas palabras sobre por qué es importante movilizarse ante la crisis climática. Invitamos a todas y todos a ver el video del Conversatorio (liga) y a seguir el desarrollo de estos movimientos.

 

Referencias

Noorgard, Kari Marie (2011). Living in Denial. Climate Change, Emotions, and Everyday Life. Cambridge: The MIT Press.

Poma, Alice (2018) “El papel de las emociones en la respuesta al cambio climático”, Interdisciplina 6(15): 191-214.

Alice Poma

Doctora en Ciencias Sociales, en el programa Ciencias Sociales y Medio Ambiente de la Universidad Pablo de Olavide. Autora del libro “Defendiendo Territorio y Dignidad. Emociones y Cambio Cultural en las Luchas contra Represas en España y México” (EDUEP, Brasil, 2017), desde junio 2017 es investigadora asociada en el IIS-UNAM, con el proyecto “Cambio climático y comités de ciudadanos en defensa del territorio: acciones locales para enfrentar un problema global”. Sus principales líneas de investigación son: cambio climático, emociones y movimientos sociales y conflictos socioambientales. Algunas de sus publicaciones se pueden descargar picando en estas ligas (https://unam1.academia.edu/AlicePoma y https://www.researchgate.net/profile/Alice_Poma)

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