Elecciones en Nayarit: continuidad o alternancia frente al desafío antipolítico Carlos Rafael Rea Rodríguez

Elecciones en Nayarit: continuidad o alternancia

La sociedad nayarita está por vivir, el próximo domingo 4 de junio, un proceso electoral que se anuncia bastante cerrado. En éste habrá de elegirse al gobernador del Estado que estará en funciones durante el periodo 2017-2021. Asimismo serán electos 18 diputados de mayoría y 12 por representación proporcional, los 20 presidentes municipales y los regidores respectivos de cada uno de los cabildos en la entidad (en total, 197 regidurías: 138 de mayoría relativa y 59 de representación proporcional).

Para la disputa por la Gubernatura, se presentó ante el Instituto Estatal Electoral el registro de 2 candidaturas aliancistas (Antonio Echevarría García, por la Alianza PRD-PAN-PT-PRS y Manuel Humberto Cota Jiménez, por la Alianza PRI-PVEM-PNA), tres de partido único (Miguel Ángel Navarro Quintero, por Morena; Raúl José Mejía González, por Movimiento Ciudadano y Francisco Javier Zapata Pérez, por el Partido Encuentro Social) y tres independientes (Víctor Manuel Chávez Vázquez, Antonio Ayón Bañuelos y el controversial Hilario Ramírez Villanueva, mejor conocido como “Layín”). A la par, se presentó un elevado número de candidaturas a los demás cargos de representación popular, contando entre ellas a muchos jóvenes y mujeres, así como una cantidad importante de candidaturas independientes.

Hay que señalar de entrada, que la sociedad nayarita enfrenta este proceso inmersa en un contexto de pobreza, desempleo, falta de oportunidades y severo endeudamiento público; con múltiples heridas aun abiertas por la violencia ocasionada en años recientes por el narcotráfico; padeciendo una aguda crisis institucional y política debido a la actuación delictiva de funcionarios de primer nivel que, hasta hoy impunemente, han saqueado las arcas públicas y despojado a muchos ciudadanos de sus bienes, con presiones y el uso de la violencia física, en colusión con la delincuencia organizada. En esas marañas delictivas, y repitiendo el patrón de otros estados del país, se ven presuntamente implicados el gobernador en funciones, su fiscal, ahora detenido en los Estados Unidos bajo el cargo de producción, comercialización y venta de drogas diversas en ese país, y otros funcionarios de primer nivel. Aparte de vincular a estos personajes con actos de corrupción e impunidad desbocados durante la actual gestión, perpetrados por medio de complejas redes de complicidades, se les vincula además con la imposición y financiamiento de numerosas candidaturas a cargos de representación popular de todos los niveles, bajo las siglas de varios partidos políticos e incluso bajo la etiqueta de independientes.

Por otra parte, las elecciones en puerta anuncian importantes cambios en el régimen y el sistema político estatales. En primer lugar, la sincronización del calendario electoral local con el federal, constituye el dato más relevante que impactará sin duda sobre la dinámica sociopolítica del estado, hasta hoy saturada de elecciones. En segundo término, el tripartidismo desarrollado durante los años 90 y los primeros años de este siglo (PRI, PAN y PRD), que hizo posible la alternancia electoral en 1999 a favor de una alianza opositora encabezada por Antonio Echevarría Domínguez y, después, el retorno del priismo en 2005, vive el desafío que implica la pluralización creciente del espectro político-partidista. Esto ha sido posible debido al desgaste experimentado durante los años recientes, tanto a nivel nacional como local, por esos tres institutos políticos, así como a la búsqueda de nuevas vías de participación electoral por parte de grupos políticos emergentes.

Sin embargo, a pesar de la mayor pluralización del espectro partidista, el intercambio indiscriminado de cuadros entre los distintos partidos (llamado coloquialmente chapulineo),i ha ocasionado que las diferencias ideológico-políticas interpartidistas se desdibujen cada vez más, y que los discursos que aun reivindican la existencia de distinciones se vean desautorizados, y las personalidades que las enarbolan como candidatos, desprovistos de credibilidad. Otro elemento que abona a la indiferenciación mencionada, es la conformación de alianzas estatales y nacionales entre PRD y PAN, las cuales han estado claramente marcadas por cálculos fundamentalmente pragmáticos y han tenido resultados cuestionables en la gestión gubernamental.

A la difuminación de los mapas cognitivos (Lechner) tradicionales en la política local, se añade desde hace algunos años y se refrenda en esta ocasión, la instrumentalización de las distintas denominaciones partidistas por parte de grupos de poder económico y político,ii para beneficio particular de estos últimos (logrando acuerdos con, o pasando por encima de las oligarquías partidistas), lo cual cuestiona profundamente la condición de interés público de dichos institutos. Además, tanto oligarquías partidistas como grupos de poder económico, se han lanzado estratégicamente a colonizar también el espacio de las candidaturas independientes recientemente abierto, desvirtuando el propósito de oxigenar con ellas al sistema político convencional, y convirtiéndolo en una opción supletoria para los cuadros políticos, con muy contadas y honrosas excepciones, que no resultan favorecidos en los grandes partidos tradicionales. Un último rasgo a consignar en este sentido, es la presunta presencia del narcotráfico en la contienda, la cual se ilustra, como ejemplo paradigmático, con la relación que un buen número de candidatos a cargos de distinto nivel presuntamente sostenían con el ex-Fiscal del Estado, quien se dice está detrás de la promoción y financiamiento de sus candidaturas.

En términos generales, es difícil identificar entre los candidatos a la gubernatura del estado, proyectos claros, integrales y viables para impulsar el mejoramiento de las condiciones de vida en el estado.iii Sin embargo, sí podemos destacar algunos rasgos de los candidatos y sus discursos. Empecemos por los tres más experimentados. El candidato de Morena, ex-priistaiv que cuenta en su haber con varios cargos públicos estatales y federales como funcionario, y que por segunda vez es candidato a la gubernatura de Nayarit, lleva a cuestas el peso de haber llegado desde fuera de este partido a hacer prevalecer su candidatura, su conducción y la preeminencia de sus cuadros leales (con el respaldo de Andrés Manuel López Obrador, en el aparente cálculo de crear mayorías de cara a las elecciones federales del 2018, a pesar de los costos que esto implicara para el proyecto partidista inicial y los cuadros originales en el estado). A pesar de ello, enarbola claramente el diagnóstico más completo, preciso y crítico de todos acerca de la situación que vive la entidad. Destaca también en su posición, el claro sello anti-desarrollista y su compromiso por la justicia social.

Por su parte, el candidato de Movimiento Ciudadano, formado y experimentado en la gestión pública, ocupando cargos diversos de representación popular en el estado y a nivel federal, y en la política partidista priista de donde proviene, mantiene una perspectiva abiertamente crítica ante la situación actual en el estado, dispone de una estrategia de administración pública sobria, consistente y con intenciones innovadoras, pero no goza sin embargo de la credibilidad necesaria por haber salido recientemente de las filas del PRI al ser derrotado en la disputa interna por la candidatura.

En lo que respecta al abanderado del PRI, político de carrera que ha ocupado numerosos cargos de representación popular, habiendo ganado en cada ocasión los respectivos procesos electorales, maneja un discurso incluyente, plagado de promesas y propuestas que se integran en su propuesta Nayarit Centenario, pero que carece de crítica y autocrítica en relación con la actuación de los gobiernos recientes de su partido en la entidad, no se deslinda del gobierno en turno tan cuestionado y no muestra una perspectiva sustancialmente distinta en su propuesta de gobierno, reiterando en cambio el sello asistencialista-clientelar que ha caracterizado las dos últimas gestiones. Sin duda, la fuerza de este personaje radica en la experiencia y la disciplina partidistas, que le garantizan a pesar de las oposiciones internas en su partido, sobre todo la del actual Gobernador, Roberto Sandoval,v la movilización de las estructuras partidistas, corporativas y clientelares. Pero esa es también potencialmente su mayor debilidad, pues aparece como un político tradicional y burocrático cuya imagen y discurso no son capaces de contrarrestar la pérdida significativa de legitimidad de su partido, dado el descrédito que atraviesa a nivel nacional y en la entidad, por sus malos resultados y los escándalos por actos de corrupción y sus presuntos vínculos en el estado con el narcotráfico.

El cuarto candidato importante es el de la Alianza PRD-PAN-PT-PRS, quien es hijo de un ex-gobernador que encabeza uno de los grupos económicos más poderosos en el estado: el grupo Álica. A pesar del poderío económico que lo acompaña y de la amplia alianza política que lo respalda, aparece como un candidato inexperto en política, sin discurso solvente, que rehúye los encuentros (en la UAN), los debates (el convocado por la Coparmex) y las confrontaciones públicas, para no exponerse a cometer errores o a ser atacado sin poder responder asertivamente, cuidando la intención de voto que parece favorecerle actualmente. Asimismo, sobre su espalda recae la sombra de la duda en cuanto a la naturaleza de los intereses que habrá de defender en caso de arribar al gobierno: si los de la sociedad nayarita o las de su grupo empresarial. No obstante esas limitaciones, el hartazgo de muchos nayaritas por la crisis económica, la violencia y la corrupción, han permitido que este candidato-empresario, gracias a la amplia alianza que lo postula y sin duda al apellido que porta, amalgame como antes lo hiciera su padre, la expectativa más consistente de alternancia político-electoral para Nayarit.

En el espectro de los candidatos independientes, destacan Hilario Ramírez (Layín) y Víctor Chávez. El primero por representar una suerte de populismo anti-político que encuentra resonancia en el foso surgido entre la política institucional tan desacreditada y un amplio segmento de la sociedad inconforme, marginada y con bajo nivel educativo. Por su parte, Víctor Chávez, parece ser el único candidato independiente que cuenta con un proyecto claro (interesante pero bastante controversial): la Franquicia Nayarit. De Antonio Ayón y Francisco Zapata, es muy poco lo que se puede decir, pues su incursión en la arena electoral ha sido realmente discreta y aun así desafortunada.

Con la disputa entre esas opciones, los nayaritas vivimos durante las semanas recientes, los efectos apabullantes de numerosas campañas guiadas por un marketing político desenfrenado y tan hueco como estridente. Con la cantidad extraordinaria de candidatos y candidatas que se cuentan en la elección, que se disputan hasta provocar cansancio las preferencias del electorado en actos públicos, por las calles y en las viviendas del estado, y en los medios de comunicación, se hace evidente el inmenso gasto público que significa para la sociedad esta contienda electoral (colocando sin embargo en una situación radicalmente desfavorable en este rubro a las candidaturas independientes). Lamentablemente, la ausencia de argumentos, de diagnósticos, de proyectos y de propuestas en las campañas, también salvo contadas excepciones, es palpable, por lo que su aporte a la construcción de espacios de debate político, de opinión pública informada y de ciudadanía política, a pesar de la gran inversión que las campañas implican, es sumamente limitada. A esas debilidades hay que añadir la reproducción, sobre todo desde el partido gobernante, de prácticas electorales ilegales para comprar y condicionar el voto (en las que el propio gobernador en funciones se ha visto implicado y ha sido denunciado, teniendo que recurrir incluso al amparo), sobre todo por medio del uso clientelar de los programas sociales. Asimismo, la publicación de encuestas con resultados completamente disímbolos y disparados, por casas encuestadoras de nulo o poco reconocimiento público, representan una forma más de manipulación de la percepción social y de las preferencias electorales potenciales.

Por último, a pesar de la expectación que han despertado estas elecciones y la posibilidad de que provoquen una nueva alternancia, lo cual vaticina una importante participación el día de la contienda, el abismo entre política institucional convencional y sociedad sigue creciendo. En ese abismo, aparecen entre la población posturas y expresiones de organización social de signo muy diverso: algunas pugnan por el rechazo franco de la política electoral, otras por la democratización de la vida institucional, otras por el uso táctico de los espacios institucionales en combinación con la lucha social, y otras más aceptan resignadas el control y la cooptación. El dato novedoso y más riesgoso es que han surgido también, en el foso que separa en el estado a la política institucional de las masas marginadas y cada vez más resentidas, formas de expresión social y electoral que constituyen claros desafíos antipolíticos: primero, a través de la incorporación masiva de jóvenes marginados y socialmente inconformes a las filas del narcotráfico y, recientemente, con la aparición de candidaturas que cuestionan a la clase política tradicional y sus prácticas corruptas e ineficientes, pero que ofrecen a cambio opciones estrictamente de base emocional, sin proyecto ni propuesta alguna que resulten mínimamente coherentes, logrando sin embargo por su condición explícitamente irreverente, cuotas importantes de aceptación y simpatía (el caso paradigmático lo constituye “Layín”, el candidato que reconoce que sí robó, “pero poquito” y que a su paso arrojara, en eventos públicos de todo signo, billetes de 20 pesos a quien se encontrara a su paso).

Muy probablemente, la forma como transcurran las elecciones del cuatro de junio y los resultados que éstas arrojen, pueden representar la recuperación de un poco de credibilidad y esperanza de la gente ante estos procesos, lo que eventualmente podría abonar a la lenta recuperación institucional en el estado; o en cambio, pueden significar su mayor descrédito y desfondamiento, alcanzando un nivel francamente crítico en la entidad. La respuesta a este crucial dilema la tendremos en unos días.

Notas

i En esa lógica, muchos de los candidatos por las distintas denominaciones, son ex-priistas. A manera de ejemplo, tres candidatos a Gobernador son ex-militantes del PRI: el candidato de Morena, Miguel Ángel Navarro; el de Movimiento Ciudadano, Raúl Mejía; y un independiente, Hilario Ramírez. Uno más, Antonio Echevarría, quien encabeza la Alianza PAN-PRD-PT-PRS, es hijo de un ex-militante destacado del PRI.

ii Como ejemplos más nítidos en este sentido tenemos el accionar del Grupo Álica, el de la Sección XX del SNTE y, recientemente, el de la propia camarilla del actual Gobernador del Estado.

iii Pues tan sólo es posible acceder a las propuestas que fragmentariamente los candidatos vienen presentando en los medios de comunicación, en los actos públicos, en los debates y en los encuentros con los miembros de ciertas organizaciones e instituciones. Sin embargo, al respecto destacan los proyectos Nayarit Centenario del candidato del PRI y la Franquicia Nayarit, del candidato independiente Víctor Chávez.

iv Salió de las filas de este partido en el 2005.

vPersonaje que encabeza una ca|marilla de liderazgos emergentes de extracción popular en el seno del PRI, que han revelado ser más audaces y arrojados en la disputa por el poder y más desmedidos en sus ambiciones y prácticas corruptas, y que durante algún tiempo han sido cobijados desde el centro del país.

Carlos Rafael Rea Rodríguez

Licenciado en Sociología por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Sociología Política por el Instituto de Investigaciones Dr. José Ma. Luis Mora, Maestro y Doctor en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (París, Francia), Posdoctorado en Ciencias Sociales, en el Centro Interdisciplinario de Estudios Superiores en Antropología Social. Actualmente es profesor-investigador adscrito al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Nayarit y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I.

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