La pregunta sin escape: ¿qué pasa en Venezuela? Carlos Torrealba

Carlos Torrealba, La pregunta sin escape: ¿Qué pasa en Venezuela?

Como estudiante de un doctorado en ciencias sociales, y dada mi condición de venezolano en otro país, soy blanco constante de la pregunta por lo que sucede en Venezuela. La frecuencia de esta pregunta también es motivada por un marco viciado de desinformación proveniente de medios de comunicación, y representantes académicos, que reproducen visiones partidistas de uno u otro bando. En ese sentido, no pretendo ofrecer una supuesta visión libre de sesgos, sino contribuir al debate de una forma que trata de retomar lo que suelen omitir quienes se han propuesto responder la mencionada pregunta. Para lograr esto, comienzo con una explicitación de algunos factores del contexto social y económico, luego repaso la secuencia de eventos que desembocaron en las actuales protestas, me detengo en un breve análisis de las mismas y termino con unas reflexiones generales.

 

Contexto social y económico

Es imperativo comenzar esta sección señalando que el Banco Central de Venezuela (BCV), desde 2016, no publica las cifras oficiales de inflación, Producto Interno Bruto (PIB) o escasez en el país. El último dato oficial que se tiene sobre la inflación es que cerró en 2015 en un 180,9 %. No obstante, según el FMI, el BCV le reportó que la inflación en 2016 cerró en 274,4%. Números que hablan de un colapso macroeconómico importante.

Por otro lado, después de casi dos años de ausencia de datos, el Ministerio de Salud publicó recientemente boletines epidemiológicos de 2016, los cuales señalan un aumento del 30% en mortalidad infantil, de un 65,79% en mortalidad materna (la ausencia de una tasa impide comparar con otros países), la reaparición de la difteria y el aumento de malaria.i Aspectos que tienen que ver con la escasez de insumos en los hospitales, problemas de nutrición y escasez de medicinas.ii

Aunque esta crisis fue exacerbada por la caída en los precios del petróleo –componente que nos lleva a rastrear sus raíces históricas como una crisis del sistema rentista venezolano establecido desde el boom petrolero– existen otros factores explicativos de peso. La implementación de una política cambiaria, que generó una fuerte apreciación del tipo de cambio, no ha favorecido la producción local, lo que abarata las importaciones en comparación con los productos nacionales. De hecho, señala José Manuel Puente, en los últimos años Venezuela alcanzó su máximo histórico de importaciones en 2012 con 59.000 millones de dólares. Estos niveles de importaciones, para el economista, no eran sostenibles en el tiempo. A partir de 2013, se da una escasez de divisas que implica la falta de materia prima y la maquinaria necesarias para producir (lo que incide en el abastecimiento).iii

Es necesario mencionar, en esta línea, que desde la matriz oficial se apunta como factor explicativo a la llamada guerra económica. Cuando se profundiza sobre ella se señalan varios elementos: manipulación del tipo de cambio, disminución de la producción y acaparamiento, tráfico y bachaqueo.iv Ante esto, se debe señalar que, 1) si bien existen esquemas especuladores con respecto al precio del dólar no oficial, la política de control cambiario no se termina de suspender (se anuncia su eliminación pero no se concreta), 2) aunque el acaparamiento es una realidad, las dificultades de producción son constatables incluso en empresas o industrias nacionalizadas (no se trata de un empresario opositor malo que no quiere producir), 3) en los esquemas de tráfico de divisas, alimentos y diferentes productos subsidiados entran en rol protagónico los militares y, 4) el sexenio de Maduro ha sido incisivo con políticas antibachaquero y, en realidad, estos representan el último eslabón, a nivel individual y micro, de un grave problema estructural que no se termina de atender en donde importa, en la estructura.

Muchos reportajes desde los medios internacionales que tratan de desmentir que en Venezuela hay desabastecimiento muestran los productos que se pueden encontrar en supermercados del este rico de Caracas. Y sí, hay que decir que en Venezuela hay comida a precios exorbitantes para el que la puede pagar (tanto opositores como chavistas). Si eres pobre debes hacer recorridos maratónicos para buscar productos subsidiados, comprarlos a los bachaqueros, esperar tu bolsa CLAPv (Comité Local de Abastecimiento y Producción) o simplemente bajar el consumo de alimentos –y eso es un resultado del que una revolución no tendría que vanagloriarse. Por otro lado, debe recordarse que, si vamos a aceptar la tesis de la guerra económica (entendida como saboteos de los empresarios) entonces Chávez superó la más fuerte de todas en 2003 –expresada en un paro petrolero– para inmediatamente impulsar su política clave de programas sociales. ¿Lo logró solo con carisma? ¿Solo con petróleo?

Para David Smilde, se vive un contexto caracterizado por un desempeño económico pobre pero sobre todo por la incapacidad para enarbolar reformas significativas (Smilde, 2015: 49) –recién en 2016 se ofrecen una tímida reforma tributaria, un alza en el precio de la gasolina y concesiones en la extracción minera extranjera. En muchos sentidos, el sexenio de Maduro ha sido uno de medidas pospuestas, prorrogadas. Para dicho autor, esta incapacidad “parece tener menos que ver con sus propias tendencias que con la naturaleza del chavismo y cómo llegó al poder” (Smilde, 2015: 51).

El rechazo al paquete neoliberal de ajuste estructural, que derivó en la ola de saqueos y protestas de 1989, es parte del imaginario fundacional chavista. Sigue el investigador: “Chávez fue el hombre que sacó al pueblo de los neoliberales años noventa. Esta historia […] hace casi imposible, para los líderes chavistas, explicar las devaluaciones, recortes presupuestales e incremento de precios a sus seguidores” (Smilde, 2015: 51).

Este poder decisorio restringido se debe también, en parte, a que Maduro no puede desafiar tanto, como lo hacía Chávez, al aparato del PSUV y sus líderes. Hay diferencias en la dirigencia sobre cómo afrontar los problemas urgentes y esto no pasaba con Chávez en tanto que ejercía una mayor fuerza cohesionadora. Las soluciones también se tardan en implementarse, como se dijo, por su impopularidad. De hecho, Maduro ha señalado varias veces, al justificar la inacción, que esperan un mejor momento político.

En Venezuela hay una reconfiguración de actores, no estamos en 2002: ya no se puede trazar la igualdad chavismo-movimientos sociales y populares-pueblo pobre, versus oposición-empresarios- clase media-ricos. Hay una emergente burguesía nacional con un componente empresarial militar, además que muchos movimientos sociales y populares se muestran cada vez más críticos con el Estado bolivariano. Con la nueva convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, Maduro parece hacer un llamado a un nuevo pacto fundacional con esta nueva reconfiguración de actores, en la que se incluye un sector empresarial amigo del madurismo. Los alcances y consecuencias de este dispositivo están aún por verse.

 

Los eventos

Las etapas álgidas del conflicto en el sexenio de Maduro son las siguientes: poselectoral 2013, “La Salida” 2014, protestas 2016 y protestas 2017. Aunque se harán referencias a momentos anteriores, me centraré en los últimos dos años.

Las tensiones en Venezuela se han exacerbado desde que la oposición salió victoriosa en las elecciones parlamentarias de finales de 2015, lo que inauguró un conflicto entre ejecutivo, legislativo y un parcializado árbitro judicial. La mayoría de curules conseguidos les otorgaba un amplio poder para transformar la estructura de los otras instituciones del Estado e, incluso, algunos recursos (utilizados torpemente) para forzar una salida de Maduro. Poco tiempo después de la instalación de la nueva Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)vi inhabilitó a tres diputados opositores por proclamarse mientras se daba un proceso de impugnación de sus respectivos procesos electorales. En vistas de que el congreso decidió incorporarlos de todas maneras, el TSJ lo declaró en desacato, anulando cualquier iniciativa de ley que pudiera hacer. El argumento del desacato es uno que ha sido esgrimido por los defensores de Maduro y quisiera detenerme en él.

En primer lugar, el TSJ no tiene competencias para inhabilitar diputados electos ni impugnar elecciones, eso le compete constitucionalmente al poder electoral. En segundo lugar, los tres diputados de Amazonas fueron desvinculados por la Asamblea (o congreso) en enero de 2016, es decir, el desacato no tendría que haber seguido según el propio argumento del TSJ. Ante esta decisión, el Consejo Nacional Electoral (CNE) y TSJ tendrían que haber terminado el desacato y convocar nuevamente a elecciones en esas localidades, como dijeron, y esto no se hizo. Es hasta julio de 2016 que la Asamblea los reincorpora ante la inacción del TSJ. Su demora demuestra lo que realmente interesaba con la declaración de desacato y la inhabilitación de los tres diputados: que todas las decisiones de la asamblea fueran nulas y que la oposición no tuviera los dos tercios de curules y, con eso, más poder.

En esta situación, la oposición decide iniciar el proceso de recolección de firmas para un referendo revocatorio contra Maduro, que estuvo lleno de trabas por parte del poder electoral. A finales de 2016, las autoridades competentes deciden dejarlo hasta nuevo aviso alegando inconsistencias en el mencionado proceso. En medio de esto, ocurren protestas masivas que revitalizaron una propuesta de diálogo por parte del gobierno, acompañado por expresidentes mediadores designados por el chavismo. La oposición, en una decisión polémica, se incorpora al diálogo (algo que le costó puntos de apoyo en las encuestas) y cumplir con su parte en los acuerdos (la desactivación de la movilización). Mientras que el gobierno no cumplió con la suya (liberación de presos políticos y establecimiento de un cronograma electoral sobre las elecciones regionales).vii

Ahora bien, incluso si hubo anomalías en el proceso de recolección de firmas por parte de la oposición, es llamativo que las denuncias sobre estas se hayan atendido tan eficientemente. Las mismas anomalías se han denunciado en elecciones en donde sale favorecido el partido de gobierno y son desestimadas.

Ante el desconocimiento a la Asamblea Nacional, la suspensión de elecciones regionales y del revocatorio, las grandes protestas aparecen de nuevo en febrero y marzo del año que corre. Es el 29 de marzo que el TSJ emite las polémicas sentencias 155 y 156, las cuales, aunque estaban centradas en la Ley de Hidrocarburos y el tema del financiamiento del país (el propósito explícito es la incorporación de empresas trasnacionales, que no tengan que rendir cuentas públicas más que a Maduro, en la explotación de recursos naturales),viii asignaban competencias supraestatales a Maduro justificadas en un Estado de Excepción, habilitaban la erosión de la inmunidad parlamentaria y decretaban la atribución de funciones parlamentarias al TSJ. Todo esto dio insumos a la oposición para declarar una situación de autogolpe y de disolución de la asamblea nacional.

Resultó bastante llamativo que, en la madrugada del mismo día, el Consejo de Seguridad de la Nación ordenó que el TSJ revisara las sentencias. Al día siguiente, el TSJ las anuló formalmente en sus contenidos graves (aunque quedó el asunto de la Ley de Hidrocarburos). En la anulación formal fue clave la declaración de la Fiscalía General de la República rechazando las sentencias, junto con diversas expresiones de repudio en todo el país. En ese sentido, buena parte de la sociología histórica nos enseña que, en contextos autoritarios, si hay una pequeña muestra de flexibilización, una pequeña muestra de que la protesta genera cambios, se aviva la chispa de la resistencia y de la acción colectiva contenciosa. Y fue lo que pasó: desde Abril hasta el 7 de Mayo se cuentan, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, 946 manifestaciones con saldo de 44 muertes.

 

Protestas 2017: logros y retos

Siguiendo la guía de Javier Corrales cuando afirma que es un error pensar que la única medida para el éxito de la protesta es el cambio de régimen,ix se pueden enumerar varios logros de estas movilizaciones opositoras en comparación con sus anteriores intentos, por ejemplo en 2014: 1) ha cambiado la territorialización; el oeste pobre de Caracas comienza a robarle protagonismo al este rico, como también se presentan protestas en estados y municipios fuera de Caracas que no se movilizaban, 2) aunque hay muestras minoritarias de protesta violenta, también se abandonó la estrategia sistemática de la barricada que llegó a ser letal para personas que no estaban protestando, 3) parece haber más coordinación entre sectores opositores radicales y moderados,x 4) podría hablarse de una victoria simbólica del marco diagnóstico opositor incluso fuera de los que protestan (la creencia de que país está mal y Maduro es, en buena medida, el responsable), 5) no son pocos los pronunciamientos de funcionarios de seguridad, del gobierno o familiares de aquellos rechazando la represión, 6) se han desarrollado mecanismos de autorregulaciónxi en las protestas y, 7) existe un repertorio vasto y creativo (más allá de contradicciones propias de todo proceso de este tipo como desear que los policías se unan a la protesta lanzándoles puputovsxii o tender puentes con familiares de funcionarios chavistas que emiten comunicados en los que les piden recapacitar mientras que se asedia a otros).

Sin embargo, creo que es pertinente preguntarse ¿Hay realmente coordinación en torno a los objetivos de las protestas? Desde el liderazgo opositor se apuntan como objetivos el reconocimiento de la asamblea nacional, establecimiento de un cronograma electoral, liberación de presos políticos y apertura de la ayuda humanitaria ¿Son compartidos estos por las personas que protestan? ¿Qué reformulación sobre los objetivos involucra el reciente llamado a una Asamblea Nacional Constituyente realizado por Maduro? Según Vargas Victoria, en 2014 “la falta de coordinación durante las protestas eventualmente condujo al fin de los levantamientos sin conseguir el cambio de régimen.”xiii Aunque se observa mucha más coordinación, este es un problema del que no está absuelta la movilización.

Toda acción colectiva contenciosa se enfrenta a retos como conseguir coordinación en torno a un objetivo común, sobre las estrategias y recursos para conseguirlos y en torno a la articulación y organización (hay personas que reportan desorganización en los líderes de la protesta cuando, por ejemplo, se presentan piquetes policiales en zonas no contempladas). Algo que permea en esto, es lo que señalaba Margarita López Maya en 2004 sobre las que, a su criterio, eran las fallas de la oposición: subestimación del adversario, sobreestimación de las propias fuerzas y diagnóstico de la situación. ¿Ha superado la oposición estas deficiencias?

Desde el análisis de marcos, se identifica el marco diagnóstico (identificación de un problema e imputación de responsables), pronóstico (propuesta para solucionarlo) y de movilización (motivos para la acción colectiva). En Venezuela parece que se comparte el diagnóstico (crisis y responsabilidad del gobierno) y, en alguna medida, el marco de movilización, no obstante, no necesariamente se da el salto al marco pronóstico (apoyar a la Mesa de Unidad Democrática, MUD). Algunos sectores perciben todavía que la lucha de la oposición es solo por el poder político; si se denuncia que la crisis rompe el tejido social, entonces la oposición tendría que acompañar la protesta con iniciativas que apunten a restituirlo –ha habido algunos intentos interesantes al respecto, por ejemplo, manifestantes que alimentan a niños en situación de calle que se unen a las protestas y que son situados en redes de atención, recolección de insumos para centros de salud, ventas de productos de primera necesidad en plantones, propuestas como “Caracas mi convive” en un barrio popular caraqueño.xiv

Para complementar el argumento, los números del último Venebarómetro colocan a la evaluación de la MUD en un 54,4% positiva y un 43.3% negativa (una diferencia no tan significativa). Más aún, con respecto a la alternativa para sustituir a Maduro, la MUD aparece con un 42.3%, algún candidato independiente con 23.7% y, un candidato chavista, con 19.8%.xv Estos podrían ser unos buenos números para la MUD pero, sumando a las personas que votarían por el chavismo y por un independiente, son ligeramente menos que los que votarían por la alternativa opositora. Es decir, como se dijo, la capitalización del descontento por parte de la MUD no está clara; hay un buen sector ajeno a la polarización que decidiría una elección.

 

Reflexiones finales

Aunque es un error asumir que las 44 muertes, hasta la redacción de este escrito, son de oposición, son minoritarios los decesos producidos por la rabia antimadurista. En este punto hace falta realmente una investigación seria que no se ha dado. De cualquier modo, llama la atención que una parte no despreciable de los muertos son personas que trataban de saquear establecimientos; ellos son quienes representan ese genuino y caótico malestar social que no tiene que ver con el asunto partidista y que, además, son deslegitimados por parte de chavistas (como ultraderecha violenta) y opositores (como ladrones que atacan al comerciante).

Por su historial extrainstitucional y violento (como en el golpe y paro 2002-2003 y en “La Salida” de 2014) algunos sectores fuera de Venezuela encuentran dificultades para apoyar a la oposición en sus denuncias. El problema es que esta vez el gobierno chavista sí está fuera de los caminos democráticos básicos como no había pasado antes en el chavismo. Si hay violencia en la coyuntura por parte de los manifestantes (molotovs, puputovs, escraches,xvi secuestro de policías) –reprochable tanto en sentido moral como en contraste con la mayor efectividad que tiene la resistencia pacífica– el gobierno sigue dando incentivos para este tipo de respuestas. Es necesario mencionar, en este sentido, que hay que tener cuidado con los llamamientos abstractos al diálogo; ya un intento serio de diálogo hubo entre chavismo y oposición el año pasado (lo que costó puntos en el apoyo a la MUD). En esa ocasión, la oposición cesó las protestas, cumplió con ese requisito, mientras que el gobierno no cumplió con su parte del acuerdo (liberación de presos políticos y establecimiento de un cronograma electoral). Así que es simplemente comprensible que la oposición encuentre dificultades en sentarse al diálogo de nuevo.

En la coyuntura están ocurriendo juicios de civiles en tribunales militares, también ya hubo reconocimiento, por parte de la policía, de la acción de grupos paraestatales y parapolicialesxvii en los actos represivos, los cuales sobre todo aparecen en los barrios populares. Las elecciones regionales están prorrogadas indefinidamente (tenían que hacerse en 2016) y las elecciones presidenciales se encuentran en suspenso con la nueva convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.xviii No puede ser que las instituciones electorales sean democráticas cuando ganas y desechables cuando pierdes. Si el chavismo llegó a donde está fue por un juego que ahora irrespeta. Y eso siempre fue lo que caracterizó a este movimiento político; el apoyo en mecanismos electorales. En esa línea, es preocupante que ya varios representantes del partido de gobierno han dicho con descaro que en Venezuela no se realizarán elecciones mientras puedan perder.

Desde ciertos sectores de izquierda se habla mucho de la manipulación mediática pero es necesario recordar que esto pasa a nivel internacional. A nivel nacional solo hay dos instrumentos de prensa impresa que no están controlados por el madurismo, o se autocensuran, y ningún canal de televisión que se salga de la línea oficial. Si estás en Venezuela la única forma que tienes de enterarte de las protestas es a través de internet (y esto es un público reducido).

También desde estos sectores, se sanciona que no se mencione al imperialismo al hablar de la coyuntura venezolana. Es pertinente decir que es cierto que varios de los partidos de oposición reciben más que asesorías de parte del Departamento de Estado estadounidense y que el intervencionismo es una realidad. No obstante, en la actualidad se observa una actitud más bien pragmática de la administración Trump que deja frustrados los deseos de algunos de los representantes opositores que quisieran respuestas norteamericanas más contundentes. Más aún, Maduro, a través de Citgo, donó 500 mil dólares para la toma de protesta del actual presidente de EUA. Por último, no deja de ser necesario recordar que realmente los intereses estadounidenses nunca han estado fatalmente desafiados en el chavismo; el suministro de petróleo sigue sin problemas y Chevron sigue generando riqueza en el país.

En todo caso, la situación actual del país caribeño refleja una debilidad institucional que no es nueva; se fue forjando desde la década de los ochenta. De igual forma, existen conflictos más invisibilizados, en los que también tiene responsabilidad el Estado venezolano, como el desplazamiento indígena por iniciativas extractivistas y los problemas que genera la explotación ilegal del oro, por ejemplo (en donde intervienen los militares también). El panorama se agrava aún más si se constata que, desde la alternativa política en Venezuela, es posible que se emita un tipo de discurso que, muy a la Trump, trata a la migración venezolana como un fenómeno que lleva “un problema social”, “una enfermedad contagiosa” a los países de destino y que la asocia con “narcotráfico”, “paramilitarismo” y “terrorismo.”xix

Para finalizar, debo decir que los escenarios no son claros.xx Cada vez son más las muestras de fisuras internas en el chavismo –un requisito para escenarios de transición– pero también de aprovechamiento de la coyuntura para profundizar el corte autoritario (con la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente y decretos de Estado de Excepción). Para Sagarzazu, en los dos polos hay actores moderados y radicales con diferentes objetivos y recursos, se trata de una etapa en la que es fundamental la interacción entre los cuatro sectores –es decir: chavistas radicales, chavistas moderados, opositores moderados y opositores radicales.xxi El mejor camino a la solución de la crisis pasaría por realizar elecciones, ni siquiera antes, sino en los plazos en los que constitucionalmente estaban planteadas, algo que podría suponer incluso la supervivencia del chavismo como opción política y la oportunidad para relegitimarse desde abajo.

Espero que mis palabras sirvan para enriquecer el debate sobre la situación de mi país desde México, y hacia otras partes del mundo, y que la crisis pueda ser superada por las vías menos destructivas y más democráticas posibles.

 

Notas

i Nótese que la ministra de salud fue destituida luego de la publicación de este informe.

ii BBC. “Lo que reflejan las cifras de salud oficiales de Venezuela” en El Nacional. [10 de Mayo de 2017]. Disponible en: http://www.el-nacional.com/noticias/bbc-mundo/que-revelan-las-cifras-salud-oficiales-venezuela_181628.

iii Puente, J. M. (2016). “Venezuela en colapso macroeconómico: ¿Qué se puede esperar?” en Análisis del Real Instituto Elcano, 36.

iv Reventa, generalmente en menudeo, de productos de primera necesidad adquiridos a precios subsidiados.

v El contenido de la bolsa varía, pero representa lo que se asigna por familia quincenal o mensualmente. Los CLAP, aunque tratan de atender el problema a corto plazo, son una medida paliativa que refuerza los esquemas de corrupción en la distribución de alimentos y que puede ser interpretada como una herramienta nada sofisticada de control biopolítico. En todo caso, sobre este tema también hay que reconocer varios intentos interesantes de producción local comunal desde abajo.

vi El TSJ ha sido uno de los principales protagonistas de la reciente coyuntura venezolana. Con magistrados abiertamente defensores del chavismo, se han emitido decenas de sentencias que buscan explotar el principio de que el poder judicial tiene la última palabra sobre conflictos entre poderes del Estado (en concreto, para el caso venezolano, entre el ejecutivo y el legislativo) para incluso ir en contra de varios elementos de la constitución impulsada por Chávez en 1999.

vii Estas elecciones debieron realizarse en 2016 y se prorrogaron indefinidamente.

viii Resulta llamativo que algunos sectores de izquierda hablen tan tranquilos, y defendiendo sin más, el convenio entre Petróleos de Venezuela y una empresa extranjera para la explotación de recursos naturales sin más contraloría que el ejecutivo.

ix Watts, J. y López, V. “Venezuela’s anger is on the streets. But the ballot box remains key for change” en The Guardian. [21 de Abril de 2017]. Disponible en: https://www.theguardian.com/world/2017/apr/21/venezuela-protests-nicolas-maduro-elections-analysis

x En esto es importante considerar el papel de la inhabilitación política a Henrique Capriles en su abandono de la estrategia moderada, un rol que parece jugar ahora Henry Ramos Allup del partido Acción Democrática y presidente en 2016 de la Asamblea Nacional.

xi Resulta preocupante, en este punto, el hecho de que se han dado ajusticiamientos, linchamientos y otras formas de agresión (incluso prender fuego) a personas durante las protestas bajo el argumento de que parecían chavistas o parecían colectivos. Me pregunto, ¿qué hace que alguien parezca chavista? La hipótesis es que en esto permean asuntos de clase o raza.

xii Recipientes con heces fecales que se han lanzado a agentes policiales y militares.

xiii Victoria, G. (2014). “The Bolivarian Spring: What Are the Possibilities for Regime Change in Venezuela?” en Journal of International Affairs, 68(1): 270.

xiv Marco, D. “No votaría por la oposición. Y por Maduro, menos: el desencanto del barrio del 23 de Enero, el simbólico bastión del chavismo en Venezuela” en BBC Mundo Caracas. [22 de abril de 2017]. Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39677139.

xv Venebarómetro, (2017). “Venebarómetro Febrero 2017”. Disponible en: https://es.scribd.com/document/341751691/VENEBAROMETRO-Febrero-2017.

xvi La estrategia del escrache ha desembocado en una forma de protesta que los venezolanos en el exterior usan en contra de familiares de funcionarios o ex funcionarios chavistas previamente identificados. Aunque hay casos de escraches creativos y pacíficos, también se presentan otros que son mero asedio. Uno de los elementos que cohibió la articulación entre opositores radicales y moderados (principal factor del fallo de “La Salida de 2014”) fue el recurso de la barricada que muchas veces cobró víctimas letales. Ya se nota, en la opinión pública opositora, división en torno al escrache. Si la oposición quiere aprender de los fallos del pasado, deberían desplazar al escrache como estrategia o, al menos, reformularlo.

xvii Los erróneamente llamados “colectivos” según cierta matriz opositora.

xviii Convocatoria que no es mala en sí pero se está planteando en un esquema excluyente y sin el deseo de que se consulte en un referendo como lo hizo Chávez en 1999 o 2007.

xix Entrevista a Julio Borges, actual presidente de la Asamblea Nacional. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=hJA1dAQRbcQ&t=14s.

xx También ocurre en Venezuela que la vida para muchos sigue. Hay un ambiente politizado y, por las protestas y cierres de estaciones de metro por parte del Estado, el desplazamiento en las ciudades se dificulta, pero muchos venezolanos siguen asistiendo a sus trabajos y con sus vidas. Incluso, aunque se dan choques entre manifestantes chavistas y opositores en algunos casos, en otros hay manos estrechadas.

xxi Sagarzazu, I. (2014). “Venezuela 2013: un país a dos mitades” en Revista de ciencia política, 34(1), Santiago de Chile.

Carlos Torrealba

Carlos Torrealba es licenciado en filosofía por la Universidad Central de Venezuela (2013), maestro en sociología política por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2014-2016) y doctorante en Investigación en Ciencias Sociales en FLACSO México (2016-2019). Ha publicado artículos en Apuntes Filosóficos (Venezuela), Metapolítica (México) y en el Journal de Estudios Bolivianos (Estados Unidos). Sus líneas de investigación son: sociología política, filosofía política, análisis del discurso, estudios venezolanos, imaginarios sociales y populismo. https://flacso-mx.academia.edu/CarlosTorrealba

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