Tecnopolítica y participación ciudadana en América Latina F. Sierra y T. Gravante, Francisco Sierra Caballero y Tommaso Gravante

Tecnopolítica y participación ciudadana en América Latina

Las décadas de neoliberalismo en América Latina se han caracterizado por un proceso de desmantelamiento de las infraestructuras públicas y de extractivismo de bienes comunes a favor de los intereses corporativos nacionales y transnacionales. Pero también por la emergencia en toda la región de resistencias protagonizadas por organizaciones, luchas y subjetividades que, a diferencia de las luchas de los años setenta, han podido poner en jaque las matrices tradicionales sobre la forma de entender y hacer política.

En el nuevo contexto de luchas sociales y gracias a la amplia experiencia acumulada desde la década de los sesenta del pasado siglo en materia de comunicación popular, ciudadana y comunitaria, se facilitaron procesos de empoderamiento en la tecnología y cultura digital, tanto en la protesta como en todos los aspectos sociales.

El levantamiento de las comunidades indígenas de Chiapas en 1994 fue una de las primeras ocasiones a nivel internacional en que se utilizó el Internet como medio de protesta y apoyo a una lucha social original en su retórica y global en sus expresiones antagonistas. La sublevación zapatista del EZLN representó en México y América Latina una doble ruptura simbólica y mediática al coincidir, por un lado, con la entrada en vigor del TLCAN y, en segundo lugar, por hacer visible en el espacio mediático la realidad de la población indígena, históricamente excluida del espacio mediático. Pero si los movimientos de apoyo a la causa zapatista abrieron el paso al mediactivismo digital en un contexto de conflicto social, fue solamente años después, con la difusión masiva de tecnologías a bajo costo y del Internet, que hizo posible el uso de los social media como componente de la protesta social. Ejemplos de ello son las páginas web creadas para romper el cerco mediático de los media mainstream a lo largo de las protestas populares en Argentina en 2001 o en la insurgencia de Oaxaca en 2006; el uso del Facebook y de otros social media en las protestas estudiantiles de los pingüinos en Chile, del #YoSoy132 en México, las protestas en Brasil y Venezuela en 2014. Cabe además observar la emergencia de nuevos procesos de apropiación y uso de las nuevas tecnologías por parte de los pueblos indígenas del continente en defensa de sus territorios y de sus recursos naturales. También son buenos ejemplos los medios digitales utilizados por los Mapuche en Chile o por las comunidades indígenas Wiwa en Colombia, las comunidades de la Selva Peruana, del Chaco Boliviano, del Norte del Cauca en Colombia y de la Provincia del Neuquén de Argentina, entre otros. Llegamos así a la constitución de la blogósfera cubana que, a través de la red digital, está intentando re-producir y construir nuevos procesos de autonomía partiendo de los valores de la Revolución de 1959.

Éstas, y muchas otras iniciativas, son experiencias que no sólo han fortalecido las formas de integración comunitaria –urbana y rural– y de movilización social en el continente, sino que han contribuido a transformar radicalmente las formas de acción colectiva y, paulatinamente, de paso, han empezado a debilitar las bases institucionales del modelo centralizador y jerárquico del sistema de representación política latinoamericano inspirando nuevos procesos de transformación de la esfera pública a partir del énfasis en la soberanía tecnológica, la cultura libre y la participación ciudadana.

En los últimos años, es notorio el uso de software libre en plataformas públicas en Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Argentina. En Venezuela debe considerarse la reciente Ley de Infogobierno que promueve el uso de software libre; en Brasil el Marco Civil de Internet; en Ecuador el Código INGENIOS y la Plataforma PARTICIPA dan cuenta de un nuevo proceso histórico que se suma a la multitud de propuestas que emergen desde el encuentro entre grupos sociales y ONGs como la red RedISTIC y el proyecto MISTICA/OLISITCA, que siempre han procurado favorecer procesos de acceso y participación con las nuevas tecnologías desde un enfoque periférico y alternativo. Aun cuando todavía es deficiente el proceso de socialización tecnológica, en la última década se aprobaron once nuevas leyes de radiodifusión en la región latinoamericana para regular los servicios de radiodifusión y facilitar el acceso de nuevas voces en un mercado que históricamente ha estado altamente concentrado y que ha sido desigual.

Ahora bien, los propósitos de los grupos subalternos de integrar en la vida política pública a los medios comunitarios han quedado limitados por el formalismo jurídico que ha ampliado el desfase entre procesos legislativos y prácticas creativas que emergen desde abajo. Por ello, es preciso partir y reconocer desde la diferencia, tanto en términos de calidad como de capacidad normativa, la contradicción notoria y la dialéctica desplegada en el actual proceso de transformación del ecosistema de medios y las formas de vida, entre las narrativas que emergen desde la tecnopolítica institucional (campañas electorales, difusión de leyes, etc.) y la tecnopolítica disidente de los grupos en resistencia.

A partir de esta premisa, emergen algunas reflexiones sobre los escenarios y desafíos que se están produciendo en América Latina y el Caribe con la irrupción de las nuevas tecnologías digitales, las relaciones de poder y los procesos sociales que acompañan la redefinición radical de la democracia y la propia noción del espacio público.

Un primer aspecto es comprender cómo las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) son dispositivos de expresión de la acción colectiva que surgen como resultado de la innovación social al tiempo que articulan a los movimientos sociales, desde el punto de vista de la mediación, nuevas condiciones de disputa de la hegemonía en la lucha por el código. Las experiencias latinoamericanas de apropiación social de las nuevas tecnologías muestran la necesidad de una apertura y de un modelo de hibridación del espacio público y de participación ciudadana, en los cuales se puedan re-insertar la dimensión biográfica y comunitaria, las necesidades del entorno cultural y cotidiano, dando lugar, a espacios productivos de empoderamiento ciudadano en los cuales se repiensa y se reafirma la identidad individual y colectiva de los nuevos sujetos políticos en la región.

Otro aspecto para reflexionar y debatir es que las prácticas y experiencias autónomas y/o autogestionadas a través del uso de la tecnología digital están creando identidades y espacios sociales al margen y en contra del sistema neoliberal en América Latina. Estas prácticas se caracterizan por una elaboración colectiva sobre cultura, bienes y conocimientos comunes. A través de un juego sutil de tácticas que se oponen a las estrategias de los dominantes, los grupos subordinados manifiestan una forma de resistencia moral y política. El resultado de este proceso es que las tácticas del débil desembocan en una politización de las prácticas cotidianas. En Chile, por ejemplo, el Movimiento de Acción Migrante en Chile (MAM) a través de las estrategias de comunicación comunitaria al interior de los colectivos están incidiendo en los cambios de la legislación chilena en materia migratoria. En Colombia las producciones del colectivo audiovisual del pueblo indígena Wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta han implicado un proceso de transformación y negociación de significados del conflicto armado experimentado por la comunidad indígena. En México, a lo largo de los movimientos populares de Oaxaca en 2006, las experiencias de ocupación, creación y re-apropiación de medios de comunicación ciudadanos por parte de las mujeres se convirtieron en herramientas para su emancipación social y política. En Argentina, en la última década, el activismo mediático y el uso de los medios digitales permitió una hibridación cultural novedosa para el país entre los colectivos de arte político, los movimientos de derechos humanos, los socio-ambientales, de mujeres y de indígenas.

Las prácticas de tecnopolíticas están conformando no solamente otros lenguajes relacionales, sino también otras formas de interpretar y re-significar el mundo. La práctica de hagámoslo nosotros mismos por parte de los grupos subordinados y de la gente de a pie conlleva más consecuencias de lo pensado en la medida que cada experiencia mediática involucra a la propia comunidad de referencia. De tal manera que los roles y las responsabilidades entre emisor y receptores, entre expertos y usuarios de base se difuminan, favoreciendo la implicación directa de las personas en las prácticas de la participación política. Los obstáculos a los procesos de apropiación y autogestión no son un problema técnico sino más bien de distribución igualitaria de los recursos (materiales y cognitivos); es decir, el problema central de la mediación es el dominio de los intereses inmovibles centrados en la distribución del poder y de la propiedad dominantes. Los procesos de apropiación y autogestión, tanto de medios de comunicación como de otros bienes comunes, son los cimientos sobre los que se fundamenta una sociedad democrática. Por ello es imprescindible que la sociedad se organice, pero debe hacerlo libremente y desde la base.

 

Referencias

 

Sierra, Francisco y Gravante, Tommaso. En prensa. Tecnopolítica en América Latina y Caribe. Barcelona: Ediciones GEDISA.

Sierra, Francisco, coord. 2016. Capitalismo cognitivo y economía social del conocimiento. Quito: CIESPAL.

F. Sierra y T. Gravante

Francisco Sierra Caballero es doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrático en Teoría de la Comunicación, Director del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social (COMPOLITICAS) de la Universidad de Sevilla. A lo largo de su trayectoria académica ha dirigido distintos proyectos de investigación y desarrollo (I+D) para la Comisión Europea, CAPES, CNPq, CONACYT, COLCIENCIAS y el Plan Nacional de Investigación y Desarrollo de España. Actualmente es Director General del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina, CIESPAL. Sus temas de investigación son, los procesos de democratización de la comunicación y el legado del pensamiento crítico latinoamericano, las iniciativas y luchas democratizadoras del Tercer Sector y la sociedad civil en materia de comunicación y cultura.                                                                                                                                                                                                              Tomasso Gravante es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Pablo de Olavide, España. Investigador asociado al Laboratorio de Análisis de Organizaciones y Movimientos Sociales (LAOMS) con el proyecto de investigación "Emociones, acción colectiva y empoderamiento en México." Sus líneas de investigación son: emociones y protesta, experiencias autogestionadas de protesta, tecnopolítica y cambio social, metodología cualitativa. Es miembro de la Red Mexicana de Estudios de los Movimientos Sociales e investigador asociado del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social de la Universidad de Sevilla. Algunas de sus publicaciones se pueden descargar picando en esta liga (https://www.researchgate.net/profile/Tommaso_Gravante)

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