Los que celebraban la vida se volvieron el blanco de los terroristas Geoffrey Pleyers

Geoffrey Pleyers, Los que celebraban la vida se volvieron el blanco de los terroristas

París fue golpeada en el corazón la noche del viernes 13. Los ataques no se dirigieron a la Torre Eiffel, a la ruta histórica alrededor del Sena, ni a un lugar simbólico del poder político o el sector empresarial. París fue golpeado en su corazón porque la amistad y la alegría de vivir irradiaban desde los acogedores cafés y la animada zona del Este parisino.

Estos son los lugares a donde los parisinos van a tomar una copa con sus amigos las noches del viernes, donde celebran los cumpleaños o acuden a cenas románticas no demasiado formales. Estos son los lugares donde Paris disfruta de la vida después de una semana en el trabajo. Estos sitios se han convertido en los blancos directos de los actos terroristas de una red global oscurantista y opresiva.

Más que el centro del poder o de las finanzas, atacaron la mejor parte de nuestro estilo de vida: los lugares donde compartimos emociones escuchando a una banda, vemos un partido de fútbol en el Stade de France o en la pantalla de un bar lleno de gente, donde conversamos animadamente alrededor de las mesitas de pequeños restaurantes alejados de los puntos turísticos y del Oeste ‘burgués’ de la ciudad. En la felicidad compartida de la noche de un viernes cualquiera late el corazón de París.

La noche del viernes, los jóvenes que celebraban la vida se han convertido en blancos. Porque París era su ciudad.

Los que celebran la muerte dispararon contra los que celebran la vida. El campo de batalla es global. Y París, obviamente, se encuentra en el corazón de esta batalla. El discurso del odio y los proyectos totalitarios del Daesh encontraron eco en el corazón de esta ciudad global. Los tiroteos, bombas y matanzas de Siria e Irak resuenan en nuestras plazas. También debemos enfrentar este otro lado de París. Los asesinos eran también jóvenes, al parecer aún más jóvenes que sus víctimas. Y por lo menos algunos de ellos eran tan parisinos como sus víctimas. Conocían perfectamente el barrio donde los parisinos se reúnen y celebran los viernes por la noche.

Los flujos globales de odio y la radicalización atraviesan la ciudad y el mundo y someten a los pueblos en nombre de una ideología que está más cerca del fascismo que de alguna religión. Estos flujos se originan en el Estado Islámico, pero también en los suburbios de Paris y de Europa y en el corazón de nuestras ciudades. Mucho antes de los ataques en contra de Charlie en enero, sociólogos como Farhad Khosrokhavar han demostrado cómo la radicalización opera en nuestras cárceles y nuestras ciudades. Estos jóvenes radicalizados no crecieron en en Siria o en Irak, sino en Francia y Europa. Ellos forman batallones de feroces guerreros en el Medio Oriente. También operan en su país y en su ciudad natal.

Las raíces de estos ataques terroristas son profundas. Se encuentran en parte en Siria e Irak, pero en parte también en nuestras ciudades francesas y europeas. En esta ciudad global que promete Libertad, Igualdad y Fraternidad, no había mucho espacio disponible para que ellos construyeran una vida con sentido. Los disturbios masivos que pusieron en llamas a los suburbios parisinos hace exactamente diez años no motivaron respuestas políticas y sociales sólidas.

Ahora que la información entra lentamente a nuestras cabezas y que nos damos cuenta de que no es una pesadilla, ¿qué podemos hacer frente a esta situación? Ceder en nuestros valores sería una auténtica victoria de los terroristas. Permitir que el miedo amenace nuestros estilos de vida, nuestra voluntad de celebrar la vida, la amistad y las noches del viernes sería un acto de rendición. Eso mismo sería caer en la estigmatización de los musulmanes jóvenes que viven en nuestros barrios y que ya sufren de una fuerte discriminación. Caer en estas trampas fáciles nos haría caer en el juego de los terroristas, dividiendo nuestras sociedades aún más y permitiendo que crezca el contingente de quienes celebran la muerte. También sería la renuncia a los valores y el estilo de vida prometidos y encarnados por París, la noche del viernes, más que en cualquier otro día de la semana.

El atentado reciente en la manifestación por la paz en Ankara nos recordó que los activistas por la paz y la sociedad civil son los peores y más efectivos enemigos de quienes buscan la guerra y el autoritarismo y, por lo tanto, se pueden convertir en sus objetivos. Los ataques del viernes por la noche en París nos muestran que la felicidad y la celebración de la vida son los enemigos de los que quieren arrastrar a los jóvenes hacia el terror y del proyecto fascista totalitario promovido por Daesh.

La noche del viernes, los jóvenes que celebraban la vida se convirtieron en blancos. París era su ciudad. París lo sigue siendo.

Geoffrey Pleyers

Doctor en sociología por l'Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS-Paris), profesor-investigador del FNRS en la Universidad Católica de Lovaina. Presidente del Research Committee 47 "Social classes and Social movements" de la Asociación Internacional de Sociología (ISA-RC47). Autor de varios libros incluido de "Alter-Globalization. Becoming Actors in the Global Age" (Cambridge, Polity press, 2011) y coordinador (con Sergio Zermeño y Francis Mestries) de "Movimientos Sociales. De lo local a lo global" (Anthropos, 2009).

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